PORTAL DE ONG: AVANZAMOS EN TRANSFORMACIÓN DIGITAL
ACCEM
12/03/2026
Las mujeres que huyen de su país en busca de refugio son mujeres que abren paso cuando su mundo se detiene, como las que protagonizan la campaña de Accem por el 8 de marzo de 2026. Desde nuestra organización somos acompañantes en el camino hacia un entorno de protección donde poder reconstruir sus vidas con dignidad.
¿Quiénes son ellas? ¿Por qué motivos particulares buscan refugio las mujeres por el hecho de serlo? En este artículo nos adentramos en el panorama global de las mujeres y niñas refugiadas y el apoyo que brindamos desde Accem para estar más cerca de quien llega de más lejos.
Las mujeres y niñas que huyen de sus países lo hacen por diferentes motivos, pero uno específico por su condición es la persecución por motivos de género, que en la legislación española se reconoce explícitamente como causa de asilo. Según el Informe Semestral de Tendencias de ACNUR, 2025 (publicado el 4 de noviembre de 2025), se calcula que en todo el mundo existen 117,3 millones de personas desplazadas por la fuerza. De ellas, alrededor de la mitad —más de 58,6 millones— son mujeres y niñas.
La cifra global es un 5% inferior a la de 2024 debido al creciente número de personas retornadas y desplazadas internas que se han registrado en países como Afganistán, la República Democrática del Congo, Sudán y Siria. Según ACNUR, para las mujeres y las niñas el retorno es especialmente difícil porque vuelven a entornos donde sus derechos básicos se ven gravemente limitados.
Con la experiencia de trabajo jurídico acumulado en Accem, es habitual que en los casos en los que una mujer solicita protección internacional por razones de género concurran al mismo tiempo varias formas de violencia o persecución. A continuación, presentamos las principales.
El matrimonio forzado es la unión de dos personas sin el consentimiento de al menos una de ellas y afecta especialmente a mujeres y niñas. Una de sus formas es el matrimonio infantil, en el que uno de los contrayentes es menor. Aunque su prevalencia global disminuye, UNICEF estima que cada año 12 millones de niñas se casan en la infancia y que 139 países aún carecen de leyes adecuadas para prohibirlo. Esta práctica sigue presente en diversas regiones de África, Asia y Oriente Medio, sin poder vincularse automáticamente a una cultura o comunidad concreta.
Según la OMS, la mutilación genital femenina (MGF) implica la escisión total o parcial de los genitales femeninos, o cualquier lesión en ellos sin motivos médicos, con graves consecuencias para la salud. Suele practicarse en la infancia, desde la lactancia hasta los 15 años. Más de 230 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a MGF, un 1% más que hace ocho años según ONU Mujeres. Cada año, unos 4 millones de niñas la sufren, el 63% en África. Aunque sigue siendo socialmente aceptada en numerosos países y comunidades, en las últimas décadas se han logrado avances significativos para su erradicación.

Las mujeres pueden ser objeto de violencia o persecución por incumplir normas, leyes o costumbres sociales y religiosas de carácter discriminatorio. Aunque la discriminación no está considerada como una forma de persecución, sí puede ser motivo de asilo cuando vulnera derechos humanos. No existen datos globales ni estatales sobre cuántas mujeres han huido o solicitado protección internacional por discriminación grave y falta de libertad. Sin embargo, el Índice de Mujeres, Paz y Seguridad (WPS) de la Universidad de Georgetown sitúa a Afganistán como el país más peligroso del mundo para las mujeres, seguido de Yemen, República Centroafricana, Siria y Sudán.
La trata de personas es una manifestación contemporánea de esclavitud y una grave violación de los derechos humanos cuyo fin es la explotación de las víctimas. Además, constituye violencia de género, pues afecta de forma desproporcionada a mujeres y niñas. Ellas representan el 61% de las víctimas de trata a nivel mundial y, en el caso de la trata con fines de explotación sexual, el porcentaje asciende al 92%. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, se trata de un fenómeno global que fluye principalmente desde regiones empobrecidas hacia áreas con mayor desarrollo económico y atractivo migratorio.
La violencia de género incluye daños físicos, psicológicos y sexuales contra las mujeres, así como amenazas, coacción y privación de libertad. Es una violación de derechos humanos y puede ser motivo de asilo en España cuando el Estado no protege adecuadamente a quienes la sufren. Según ONU Mujeres, 840 millones de mujeres —casi una de cada tres— han experimentado violencia física o sexual por su pareja, violencia sexual fuera de ella, o ambas, al menos una vez en la vida. En contextos humanitarios, esta cifra sube al 70%, frente al 35% global. En situaciones de conflicto armado, se ha documentado el uso sistemático del cuerpo de las mujeres como instrumento de guerra.
La LGTBIfobia —el rechazo, odio o persecución hacia la diversidad sexual y de género— sigue siendo un fenómeno extendido en todo el mundo. En algunos países, las personas LGTBI+ aún enfrentan persecución legal, incluida la pena de muerte por su orientación sexual o identidad y expresión de género; en otros, persisten formas graves de discriminación social. Según ILGA Mundo, 63 Estados miembros de la ONU criminalizan por ley y 2 de facto las relaciones consensuadas entre personas del mismo sexo; 7 países mantienen la pena de muerte y en otros 5 no existe plena seguridad jurídica. La violencia y persecución contra las personas LGTBI+ es causa de asilo en España.
Los crímenes de honor son actos de violencia, generalmente mortales, perpetrados mayoritariamente contra mujeres por familiares varones que consideran que la víctima ha “deshonrado” a la familia. En España, constituyen causa de asilo. Se producen sobre todo en Oriente Medio, India y Pakistán. Suelen ser tolerados por las autoridades y justificarse con argumentos culturales o religiosos. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), cada año unas 5.000 mujeres son asesinadas por crímenes de honor, aunque la cifra podría ser mayor por la escasa monitorización de esta forma de violencia.
Las mujeres refugiadas se enfrentan a la violencia en diferentes contextos: en sus países de origen, como causa que obliga a la huida, durante el viaje y también en los lugares donde buscan protección. En origen, muchas huyen porque viven en sistemas profundamente desiguales que limitan sus derechos y las exponen a riesgos extremos. En numerosos países siguen sin poder acceder a la educación, la salud sexual y reproductiva, el trabajo o la participación política. La violencia sexual es una amenaza constante: una de cada tres mujeres la sufrirá a lo largo de su vida y millones de niñas la padecen antes de los 18 años. En contextos de guerra, esta violencia se usa como arma y estrategia. En algunas regiones, los feminicidios alcanzan cifras alarmantes.
Durante el trayecto migratorio, la falta de vías seguras obliga a las personas migrantes a emprender rutas clandestinas donde aumenta el riesgo para mujeres y niñas de agresiones físicas, sexuales y de caer en redes de trata. Y, una vez en destino, la violencia no desaparece: el género y el origen influyen en las múltiples formas de discriminación que afrontan en el ámbito laboral, social y doméstico. Estas experiencias se agravan por la interseccionalidad, que combina diversas desigualdades y genera nuevas barreras para las mujeres refugiadas y migrantes.
Ante esta realidad, la labor de apoyo y acompañamiento es esencial. En 2025, un 52,5% de las mujeres atendidas por Accem fueron solicitantes o beneficiarias de protección internacional. Durante el año pasado, brindamos apoyo a un total de 12.506 mujeres y niñas solicitantes y beneficiarias de las distintas figuras de protección internacional en España. Destaca la atención a solicitantes de protección internacional, un total de 7.126 mujeres, mientras que 791 eran refugiadas, beneficiarias de protección subsidiaria o reconocidas con el estatuto de apátrida. Finalmente, 4.589 mujeres eran beneficiarias o solicitantes de protección temporal.

Si atendemos al país de origen de las mujeres solicitantes de protección internacional, destacan las atenciones brindadas a mujeres de Venezuela, Colombia, Perú, Afganistán y Palestina.

En cambio, como principales países de origen de las mujeres refugiadas o beneficiarias de protección subsidiaria o del estatuto de apátrida, figuran Nicaragua, Siria, Afganistán, Colombia y Palestina.

Las solicitantes y beneficiarias de protección temporal procedían en un 97% de los casos de Ucrania (4.453 de un total de 4.589 mujeres y niñas). Cabe indicar que esta figura jurídica de protección se activó en marzo de 2022 por parte de la Unión Europea para dar abrigo a las personas desplazadas por la guerra en Ucrania.
Para facilitar la inclusión de mujeres y niñas que necesitan protección internacional, incorporamos la perspectiva de género en todo nuestro modelo de atención, que incluye servicios de acogida, atención jurídica, psicológica, intervención social, acompañamiento para la inserción laboral, aprendizaje del idioma y traducción e interpretación. También contamos con grupos de apoyo mutuo entre las mujeres, que han encontrado en Accem un espacio seguro donde poder expresarse, alcanzar bienestar emocional y reconstruirse.
Con todo, nuestra organización apoya cada año a miles de mujeres y niñas refugiadas, para que encuentren abrigo, acompañamiento y el impulso necesario para seguir adelante cuando su mundo se detiene.