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05/03/2026
En el marco del Día Internacional de las Mujeres, desde la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES) advierten sobre las elevadas y constantes cifras de pobreza y exclusión social entre las mujeres, que en la última década no han bajado por debajo del 26 % de la población femenina. Es decir, más de una de cada cuatro mujeres en España se ha visto atravesada por una problemática.
Según el Avance de Resultados del XVI Informe 'El Estado de la Pobreza' de EAPN-ES, la brecha de género en las cifras de pobreza continúa teniendo un impacto diferencial sobre las mujeres: 6,7 millones se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social.
La feminización de la pobreza es el resultado de una cadena de desigualdades en el tiempo, en el acceso a la educación, al empleo, al tiempo propio, a la vivienda y a la protección social, que se acumulan y se transmiten, y, forma parte de un sistema estructural, no de decisiones individuales. Los datos del Avance de Resultados de XVI Informe del Estado de la Pobreza en España (EAPN-ES, 2025) muestran que la incidencia de la pobreza es especialmente elevada entre determinados grupos de mujeres, como las mujeres migrantes, extracomunitarias, las familias monomarentales, las mujeres jóvenes y las mujeres mayores con trayectorias laborales intermitentes. Estas desigualdades se acumulan y refuerzan mutuamente, evidenciando un patrón claramente interseccional en la feminización de la pobreza.
A este contexto estructural, se suman los efectos actuales de una crisis de la vivienda que impacta de manera más dura en mujeres. Éstas no sólo se enfrentan a unas mayores cifras de riesgo de pobreza y exclusión social, sino que también presentan mayores dificultades para tener empleos, siendo, por lo general, sectores laborales y puestos más precarios. Además, los requisitos de acceso al mercado de la vivienda dificultan mucho que estas mujeres y sus familias tengan garantizado el derecho a una vivienda digna, situación que se incrementa en el caso de las familias monomarentales.
A nivel laboral las mujeres están sobrerrepresentadas en los sectores más precarizados y feminizados —cuidados, limpieza, comercio, atención domiciliaria—, caracterizados por jornadas parciales no deseadas, salarios bajos y menor reconocimiento social. Por poner un ejemplo, según el XV Informe ‘El Estado de la Pobreza’ de EAPN-ES, el 75% de los contratos parciales son firmados por mujeres. Esta precariedad laboral se traduce en pobreza, inseguridad económica y menor protección social en el presente y en el futuro. Al mismo tiempo, la sobrecarga desigual en las labores de cuidados no remunerados limita sus oportunidades de empleo, formación y participación social. En materia de calidad en el empleo y de lucha contra la violencia, desde EAPN-ES demandamos la necesidad de reforzar y garantizar el cumplimiento efectivo de la normativa y los protocolos contra el acoso y el abuso en los centros de trabajo. La actualidad nos ha demostrado que persisten las dinámicas de encubrimiento, silenciamiento y penalización de las víctimas, lo que hace imprescindible actuar con mayor contundencia para asegurar entornos laborales seguros y libres de violencia.
Sin embargo, pese a que la igualdad está en el diálogo social y político no se traduce en la mejora de las condiciones de vida de las mujeres. Y se avanza paralelamente hacia un contexto de crecimiento de discursos reaccionarios que cuestionan la necesidad de los avances en igualdad. Desde la Red reivindicamos el feminismo como herramienta imprescindible de justicia social. La lucha contra la pobreza y la exclusión no puede desligarse de la defensa de los derechos de las mujeres: mujeres mayores, jóvenes, migrantes, con discapacidad, rurales, gitanas, mujeres lesbianas, mujeres trans, familias monomarentales, trabajadoras de sectores feminizados. Todas unidas frente a la desigualdad y la pobreza.
La igualdad real exige vivienda digna, empleo con derechos, protección frente a las violencias y reconocimiento social de los cuidados. Erradicar la pobreza es una condición imprescindible para garantizar la salud, la autonomía y la participación plena de las mujeres.
Combatir la pobreza es una cuestión feminista y combatir la feminización de la pobreza es una cuestión de justicia social.