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COMUNICACIÓN

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DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

MANIFIESTO 8M 2026 - Federación de Mujeres Progresistas

08/03/2026

El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, forma parte de la genealogíadel movimiento feminista. Es  memoria histórica: un hilo que nos une con aquellas mujeres que, antes que nosotras, ampliaron derechos y abrieron camino. Es un recordatorio de que la desigualdad y la explotación que sufrimos las mujeres no son episodios aislados, sino una estructura que atraviesa nuestras vidas.

Por eso, un año más, y como cada día, desde Federación Mujeres Progresistas alzamos la voz como parte del movimiento feminista que, desde hace siglos, conquista derechos, transforma leyes, cuestiona privilegios y fortalece la democracia. Un movimiento que hace Historia.

Este 2026 lo hacemos en un contexto global marcado por el auge de discursos negacionistas, los retrocesos democráticos y el cuestionamiento de derechos ya conquistados. Se afirma que la igualdad ya se ha alcanzado, como si las brechas fueran percepciones y no hechos verificables. 

Desde Federación de Mujeres Progresistas afirmamos con rotundidad que las desigualdades estructurales siguen marcando la vida de millones de mujeres y niñas y exigimos transformaciones reales y urgentes:

  • La feminización de la pobreza, la precarización laboral, la persistencia de la brecha salarial y el techo de cristal consolidan la subordinación económica de las mujeres y limitan nuestra autonomía vital. Es urgente garantizar empleo digno, igualdad salarial y condiciones laborales que nos permitan desarrollar nuestros proyectos de vida.
  • Reivindicamos un modelo social y económico que reconozca, redistribuya y garantice los cuidados, que dejen de recaer de forma desproporcionada sobre las mujeres y que asegure la corresponsabilidad. Sin justicia en los cuidados no hay igualdad real.
  • Demandamos la erradicación de todas las formas de violencia de género, que continúa siendo una de las expresiones más brutales de la desigualdad estructural que sufrimos las mujeres.

  • Denunciamos las violencias digitales y el uso de la tecnología para acosar, explotar, amenazar o cosificar a mujeres y niñas. Los entornos virtuales no pueden convertirse en nuevos espacios de impunidad.

  • Reafirmamos nuestra posición abolicionista frente a cualquier forma de explotación sexual. La prostitución, la trata, los vientres de alquiler y la pornografía constituyen formas de violencia sexual y de mercantilización del
    cuerpo de las mujeres.

  • Defendemos un sistema educativo que no tolere la violencia machista; que incluya una educación afectivo-sexual integral y de calidad; que desmonte los estereotipos de género y promueva valores igualitarios desde las primeras etapas de la vida.

  • Es imprescindible asegurar un acceso universal a la salud con perspectiva de género, que atienda de manera específica las necesidades y realidades de las mujeres a lo largo de todo nuestro ciclo vital.

  • Reclamamos la plena participación de las mujeres en todos los ámbitos de decisión política, económica y social, sin techos de cristal ni suelos pegajosos que limiten nuestro liderazgo y nuestra capacidad de influencia.

  • Exigimos la protección efectiva de las niñas frente a los matrimonios forzados, que cada año truncan proyectos vitales, educación y autonomía.

  • Reclamamos que la desigualdad de género no se limite a nuestras fronteras. En conflictos armados activos como los de Ucrania, Gaza, Sudán o la República Democrática del Congo, mujeres y niñas sufren de manera desproporcionada la violencia, el desplazamiento forzoso, la explotación y la pérdida de derechos básicos. No puede existir una agenda feminista coherente sin una mirada internacionalista y solidaria.

  • Tampoco podemos olvidar la situación de las mujeres en Afganistán. Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, han sido borradas de la vida pública. Se les prohíbe estudiar, trabajar, desplazarse con libertad e incluso alzar la voz. A través de cerca de 90 decretos, han sido despojadas de derechos fundamentales como la educación, el empleo y la autonomía personal. Actualmente, Afganistán es el único país del mundo que prohíbe la educación secundaria y superior a niñas mayores de 12 años y a mujeres. La educación, en sí misma, es poder: es independencia, es futuro, es dignidad. Y precisamente por eso se la quieren arrebatar. Las mujeres afganas no están solas. Su causa también es la nuestra. Si permitimos que su voz sea silenciada, estaremos enviando el mensaje de que los derechos de mujeres y niñas en cualquier lugar del mundo son negociables o prescindibles, un precedente profundamente peligroso. Exigimos el respeto de los derechos humanos de las mujeres y niñas afganas, el restablecimiento pleno de su acceso a la educación y al trabajo, y el fin de todas las medidas que las excluyen y las invisibilizan.

La igualdad no es una sensación subjetiva: es un derecho humanofundamental y, como tal, si no se garantiza, la democracia se debilita.


Este 8 de marzo no es solo una fecha en el calendario: es memoria, compromiso y acción para seguir ampliando los márgenes de la democracia. La igualdad no es una meta alcanzada, sino un horizonte que construimos cada día. 


Sin feminismo, no hay democracia

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