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Impactos de la recesión económica en el tercer sector de acción social

Artículo de opinión de Juan Lara publicado en el número 23 de la Revista Española del Tercer Sector de enero a abril de 2013

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1 . VALORACIÓN GENERAL DE LA CRISIS Y SU IMPACTO EN EL TSAS

La crisis ha llegado después de unos años en los que hubo una gran expansión del Tercer Sector de Acción Social desde el punto de vista cuantitativo, y aunque parece que estamos en los albores del final de la crisis a nivel macroeconómico, las consecuencias sociales de la misma se van a mantener durante bastante tiempo, y es en este preciso momento en el que el Tercer Sector está notando de forma más cruda las consecuencias de los recortes en Política Social. Esta política de recortes, si se mantiene en el tiempo, llevará aparejado una reducción del estado de bienestar y un cambio del modelo de sociedad que tenderá a excluir del mismo a un gran número de personas a las que habría que sumar a las personas ya excluidas en los “buenos tiempos”.

Por tanto, la crisis económica y social a la que nos estamos enfrentando ha provocado un aumento de las necesidades sociales y la generación de nuevos perfiles de exclusión, casi siempre asociados a la situación más preocupante entre la sociedad española, como es el desempleo.

Esta crisis afecta de una manera o de otra a todas la personas, entidades, etc. pero para el Tercer Sector de Acción Social se puede hablar en concreto de algunas amenazas específicas que se unen a las debilidades intrínsecas al sector que existían con antelación, como la excesiva atomización, diversificación y dispersión de la actividad; la dependencia financiera de la Administración Pública o la dificultad de consensuar un discurso fuerte como sector. De las amenazas específicas a las que me he referido con anterioridad, quizá la más importante es la drástica reducción de los ingresos provenientes de las administraciones públicas, a lo que hay que sumar una disminución general de otro tipo de aportaciones. Esta reducción de ingresos lleva asociadas otras problemáticas como la dificultad de acceso al crédito o el aumento de la competencia por los recursos económicos entre las entidades del propio sector e incluso con la iniciativa lucrativa privada. Y mientras esto ocurre hay un crecimiento de la demanda de los servicios que el Tercer Sector viene prestando.

Esta reducción de los ingresos se ve, en parte, compensada por una parte con el aumento de la solidaridad de la ciudadanía, que se manifiesta en sus aportaciones a ONG que destacan por su labor hacia los colectivos más vulnerables, y por otra parte por la firme determinación del Tercer Sector para la garantía y defensa de las derechos sociales en el escenario actual.

 

2 . CÓMO EL TSAS ASUME LOS COSTES SOCIALES DE LA CRISIS Y CÓMO AFECTA A SU DINÁMICA INTERNA Y A SU PROYECCIÓN EXTERNA

El TSAS debe asumir este crecimiento de la demanda de servicios derivado de la situación actual, pero para poder asumir este coste social debe contar con nuevas propuestas para la acción y la organización que se adecuen al escenario actual, se debe generar una cultura de sector basada en la colaboración y la cooperación, definir un marco claro de participación, propiciar experiencias de trabajo en red, gestionar las entidades de manera coherente con sus principios y objetivos, generar reflexión e innovación metodológica y aumentar la eficacia de la acción.

Para poder ser un actor principal debemos mejorar la calidad de la gestión interna de las organizaciones, renovando e innovando procesos y procedimientos. También debe existir una mejora de la formación del las personas profesionales y voluntarias, un aumento de la profesionalización de las entidades y un incremento de la transparencia en la gestión de los recursos, en la metodología y en los proceso de intervención. El Tercer Sector al asumir que debe garantizar la asistencia y el trabajo con las personas y colectivos más vulnerables, debe evitar dar un paso atrás en lo que se refiere a la garantía y defensa de los derechos sociales.

Además, el sector debe hacer frente al reto de consolidarse como un agente de comunicación social, elaborando y defendiendo un discurso sobre los problemas y necesidades sociales, y que además muestre de manera clara la identidad del sector al conjunto de la sociedad.

 

3 . CÓMO EL TSAS PUEDE CONTRIBUIR A LA RECONSTITUCIÓN DE LA SOCIEDAD CIVIL Y A LA COHESIÓN SOCIAL. EL LIDERAZGO CÍVICO DEL TSAS

La crisis a la que nos estamos enfrentando nos ha dado la oportunidad de mostrar a la sociedad algunas fortalezas como sector. Es cierto que el escenario actual, económico y social, ha supuesto para el Tercer Sector de Acción Social un aumento de dificultades y de situaciones de vulnerabilidad hasta el punto de que algunas organizaciones han desaparecido, pero al mismo tiempo está saliendo fortalecido por la labor  de sus voluntarios y voluntarias, y por haber dado una respuesta cercana, además de eficaz, a las necesidades sociales que se están generando, respuesta a unas necesidades que, en el contexto actual, si no fuese dada por el Tercer sector no se realizaría.

Las fortalezas que ha mostrado el sector en estos momentos pueden ser la reinversión de los “beneficios” en la misión de la organización, no perder de vista la calidad de los servicios, una respuesta próxima, cercana y cálida a las personas, factor sumamente importante sobre todo para las personas que se aproximan a la exclusión social por primera vez; el sentido de confianza generada, la flexibilidad y la capacidad de anticipación que le otorga la cercanía a la realidad cotidiana, y sobre todo, la promoción de la participación de las personas.

A esto hay que sumar que el Tercer Sector de Acción Social no solo ha multiplicado los esfuerzos de responder a las necesidades crecientes de la sociedad, sino que ha denunciado los desequilibrios que han aumentado al amparo de la crisis económica, intentando ofrecer algunas alternativas viables y sostenibles.

Así pues, el Tercer Sector tiene la oportunidad de visibilizar la eficacia con la que en ocasiones esta actuando incluso por delante de los propios sistemas de bienestar del Estado, poniendo de manifiesto “nuevos nichos” de pobreza. Además, debe desarrollar su rol  de manera responsable y activa y consolidar sus funciones como agente de cambio político y de denuncia de la vulneración de los derechos sociales.

Esto se podrá llevar a cabo tejiendo redes de alianzas y colaboración fuertes y consolidadas, impulsar la innovación y la flexibilidad, para poder generar nuevas respuestas que puedan llegar a ser una ventaja competitiva y sobre todo una respuesta adecuada a las necesidades sociales emergentes.

Y sobre todo, el Tercer Sector de Acción Social debe recuperar su papel como agente de fomento de la participación reforzando sus vínculos con sus bases sociales y con la sociedad en general.

Por último, comentar que para un correcto desarrollo de lo anteriormente citado, el Tercer Sector de Acción Social debe crear o actualizar nuevas articulaciones o marcos (jurídicos, financieros) que puedan sentar las bases para el desarrollo, crecimiento y sostenibilidad del Tercer Sector.

 

4 . FUENTES DE FINANCIACIÓN DEL SECTOR Y AUTONOMÍA INSTITUCIONAL

De manera tradicional las administraciones públicas vienen financiando a las  entidades del TSAS, la normalidad es que financien programas y actividades por la vía de la subvención, tras las preceptiva convocatoria. Asimismo, también se financian programas de mantenimiento general de las entidades y ciertas inversiones, especialmente para las entidades de ámbito nacional, y de segundo o tercer nivel. Este sistema de financiación ha favorecido la cohesión y desarrollo del sector así como su estructuración a través de federaciones, confederaciones, coordinadoras y redes que han contribuido a la puesta en marcha de herramientas de trabajo comunes.

La percepción es que en la actualidad este sistema de financiación público se presenta como obsoleto para el TSAS, con unas formulas inadecuadas e insuficientes, una normativa reguladora, como la ley de subvenciones, deficiente y perjudicial con una interpretación restrictiva de la norma: se prima el control administrativo sobre la evolución de los resultados; una fiscalidad perjudicial, como por ejemplo el IVA soportado no deducible; una contratación pública que no valora objetivamente la especificidad del sector y la obsolescencia de los instrumentos de la Administración, unidos a otros factores externos como los mecanismos de acceso al crédito insuficientes.

Todo ello se ha visto agravado por la crisis económica que ha evidenciado estos problemas preexistentes y ha agudizado los problemas de financiación del TSAS, incluso se han creado nuevas problemáticas como la tardanza de las administraciones públicas en los pagos, a los que se ha unido el endurecimiento del acceso al crédito, el recorte generalizado de las partidas de gasto social, y la práctica desaparición de la financiación de las obras sociales de Cajas de Ahorros, con algunas notables excepciones. Además, las entidades que operan en el mercado pierden sostenibilidad por la reducción de la demanda y el incremento de la competencia.

Para finalizar, el Tercer Sector necesita de manera urgente: en primer lugar, la resolución del litigio ya histórico para un desarrollo adaptado al TSAS de la Ley de Subvenciones;  una contracción pública más equitativa con el TSAS, quizá poniendo en valor el retorno de la inversión del TSAS a la Administración; garantizar la asignación del IRPF a proyectos sociales de ámbito generalizado con la adecuación de esta asignación a las últimas sentencias del Tribunal Constitucional; encontrar una solución a los agravios al TSAS en el tema del IVA soportado no deducible, conseguir un fácil acceso al crédito para actividades e  inversión; incentivar las donaciones de particulares y estudiar detenidamente las nuevas posibilidades que se abren en materia de financiación como el fundraising, crowdfunding, colaboraciones con empresas o bonos sociales.

Gran parte de la problemática descrita con anterioridad se vería paliada, al menos en su mayor parte, con la consecución final de la Ley del Tercer Sector, a la que se ha comprometido la actual Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Además, esta Ley, sentaría las bases para una mejor defensa y garantía de los derechos sociales.

 

 

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